The Barracuda come back to home

Después de una serie de discusiones entre defensores y detractores, -sobre su instalación-, el monumento a la barracuda regresó al sitio que lleva su nombre, “El Parque de la Barracuda”.

El colosal monumento de bronce, forjado en honor del “brother Simón”, fue retirado de su pedestal hace más de tres años, y desde entonces su regreso estaba en entre dicho por la polarización existente sobre lo que representa para la comunidad.
El retiro del pez de ojos verdes y lágrimas azules se produjo por el deterioro del acople con el pedestal ubicado en medio de la fuente del parque. Un día cualquiera, varios jóvenes visitantes, con el propósito de tomar unas fotos, se treparon en el monumento y produjeron el rompimiento del acople giratorio de la base. Se cayó la barracuda.
Desde ese entonces, inició a correr una de las más absurdas historias. Según el imaginario colectivo, de algunos ciudadanos, “…Detrás de la barracuda se esconde la maldición del brujo Simón”.
La “satanización” sobre el monumento inspirado en Providencia sobrevino porque, por esos días San Andrés estaba sitiado por dos organizaciones vinculadas al crimen organizado. El monumento se precipitó al suelo horas después que varios pastores protestantes elevaran una plegaria al Altísimo por la paz de las islas. Acto seguido, ciudadanos nativos, presos de histeria colectiva relacionaron la procedencia del gigantesco pez, con el Primer Congreso Nacional de Brujería, celebrado en la década de los ochenta en la capital del país. Precisamente “El brother Simón”, como era conocido el ex intendente y ex gobernador Simón González Restrepo, fue organizador de ese encuentro alquimista. Encuentro que nada tuvo que ver con la hechicería, más bien se trató del encuentro de intelectuales y librepensadores con una visión particular del mundo y las leyes universales.

Los demonios de la barracuda
Aunque el origen del monumento de la barracuda es netamente local, y se remonta al círculo más cercano al ex gobernador Simón González, un sector de la comunidad intenta desconocer el indisoluble vínculo de éste con la étnica nativa. Quienes promovieron la construcción del monumento, fueron precisamente los amigos de “el brujo Simón”, algunos de ellos, miembros cercanos de su equipo de gobierno durante su administración primero como intendente y posteriormente como gobernador. Entre los colaboradores más cercanos al hoy vituperado ex mandatario, suenan los nombres de Kent Francis James, Samuel Robinson Davis, Reinaldo Bryan Fernández, Pablo Bermúdez, y hasta el hoy pastor Lancelo Lever. Todos ellos, connotados ciudadanos de la étnica raizal, entonces jóvenes profesionales que acompañaron a quien desde entonces fue calificado como el mejor gobernante del archipiélago. La barracuda no fue producto de un sortilegio, pues en su construcción participaron aportes de los “amigos” de Simón y de gran parte de la ciudadanía. Simón González Restrepo, cuyos restos terminaron esparcidos en el mar que él mismo bautizó como “el mar de los siete colores” también fue el precursor del más grande festival cultural raizal de las islas, el Green Moon Festival, que inicia cada año con una expresión secular en cada una de las iglesias bautista, desde donde se escucha hoy, el eco de las voces que condenan el frio monumento.
Curiosamente, quienes acompañaron al “brother Simón” hoy, ante las voces disidentes, guardan un silencio inexplicable, porque, quizás, sus argumentos podrían servir para ilustrar sobre el origen del más famoso monumento nativo, punto de referencia que tenemos en la capital insular.
Ojos Verdes y lágrimas azules
Quizá quienes hoy tienen la oportunidad de apreciar la barracuda de los ojos verdes y lágrimas azules, en su mayoría, desconocen el mensaje oculto que transmiten sus ojos y sus lágrimas.
No es un mensaje del averno, ni fue codificado en ultratumba, tampoco es un símbolo de brujería ni nada por el estilo, pero si fue concebido como un testigo fiel de alguien cuya preparación académica, y no el ocultismo, tuvo una capacidad visionaria prodigiosa, con la que hoy, años después de su partida, nos sigue recordando el efecto rápido y nefasto que la contaminación ambiental, especialmente la del mar circundante de nuestras islas, le pude causar a las más hermosas criaturas que aún subsisten en el mar de los siete colores. Ese es el mensaje, sencillo y simple. Como nuestro mar está o más bien estaba prodigiosamente habitado por barracudas, que mejor especie para llamar hoy nuestra atención, que una barracuda que, a través de su reclamante mirada nos pide protección de los ecosistemas marinos de este archipiélago.

El espíritu de “el brujo Simón” está vivo
Alrededor de la vida y obras de Simón González, siempre se han tejido toda suerte de comentarios e historias producto del imaginario colectivo. Unos dicen que lo escuchan caminar por los pasillos del Palacio de los Corales. Otros dicen haberlo visto con su singular gorra caminando por el Puente de los Enamorados en Providencia y, hasta evidencia en cada Suzuky SJ, la estampa de “el chicanero” vehículo particular de Simón. Jamás creí tales versiones. Solo que, a partir de las discusiones surgidas sobre la Barracuda, pude apreciar que el espíritu de “brother Simón” si está entre nosotros.
La única forma que los seres humanos transiten por la inmortalidad, es decir, vivir más allá de la muerte, es a través de sus obras, y, al “brujo” o “brother Simón”, trasciende una escuela del pensamiento y, en el plano físico, obras como los aeropuertos “Gustavo Rojas Pinilla” y “El embrujo”, la alameda de la avenida Francisco Newball; El Palacio de los Corales, la casa de gobierno hoy sede de la secretaría de turismo, el inmortal Pink Coliseumm, El Green Moon Festival entre otras obras y acciones. Definitivamente si, Simón Gonzáles trascendió a la inmortalidad por sus obras y él sigue siendo en parámetro de los dirigentes políticos y gobernantes de estas islas.

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